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RELATO Nº 11 El Palacio de los Candados – Escrito de Guillermo Capellán en Cárcel de Vª Las Rosas – 15 Febrero de 2003

Primer sábado de detención en la 7ª de Bº El Tribuno

Los “elementos” de la policía se inquietaban esa mañana fría de febrero de 2003 cuando mucha gente se acercaba a la Comisaría a preguntar por “El Guille” pero no podían verme ni llevarme NADA a pesar de no pesar orden de incomunicación. Los otros presos recibían lo que sus familiares les llevaban para comer. Los detenidos que no tenían parientes debían esperar que llegaran las sobras frías que llegaban desde la cárcel de Villa las Rosas. Ya orden del Juez Luis María Agüero Molina había ordenado “que Capellán coma la comida de los presos del Servicio Penitenciario”.

El Poder estaba ensañado en contra “del Concejal que se atrevió” a decir NO a una orden de Su Majestad, el Rey Juan Carlos. Ese era yo, quien defendía a la gente, al medio ambiente por el peligro que representaban las esferas de gas por la fatiga del metal. Si los contenedores de Chachapoyas (las esferas) explotaban ponían en riesgo la vida de 75.000 salteños que vivían en las adyacencias, es decir los Barrios Mosconi, Tres Cerritos y Postal. El romerismo defendía los negociados del Moonarca y este ingenuo Concejal, el que relata, defendía la vida de la gente.

Barrio Gral Mosconi – Salta Capital

No pude probar la comida fría que enviaron del penal y tampoco acepté lo que los presos me ofrecían. No quise probar nada. Solo acepté un poco de agua. Ya había pasado la hora de entrega de alimentos. Mis compañero de campaña me informaron el domingo 15 de febrero que me habían llevado la comida y nunca llegó al calabozo mugroso. Luego los detenidos me dijeron que la comida que llevan para los presos, la primera vez, se la comen los policías. Ese acto de mezquindad y miserable corrupción es la muestra de la más baja escala de quienes tienen en sus manos las etapas iniciales del proceso de instrucción.

A la celda solo llegó para mí, antes del anochecer un colchón y una frazada y a la comida la disfrutaron los agentes de turno, esos que rezan en a la Virgen de la Merced en la capilla del patio de la Comisaría y que después de las 01 de la madrugada le dan masa a los presos arrancando confesiones de algún delito que deben asumir para satisfacer la función del Jefe que quiere ascender o del Juez que desconoce las penurias de los detenidos porque se pasan la presunción de inocencia por el centro del ojete.

 

 

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