Entérate como es la política salteña. Me las banqué solo y sigo adelante
El Caso Capellán, infamia judicial y política en Salta, Argentina
Mayo 11, 2026

La historia de Guillermo Capellán en Salta no es solo la crónica de una persecución judicial; es el relato vibrante de una resistencia inquebrantable, la de un hombre que se convirtió en el “Fénix de la política salteña”, desafiando a un sistema empeñado en silenciarlo. El “Caso Capellán” se erige hoy como un símbolo de la infamia judicial y de la tenaz lucha por la verdad y la justicia en la provincia.
Todo comenzó con una “causa armada” que buscaba devastar la vida de la política de Guillermo Capellán, un dirigente social y político cuya voz y militancia junto a los sectores populares más vulnerables se habían vuelto incómodas. Fue despojado de su banca y su prestigio, pero, lejos de caer en el olvido, Capellán logró “hackear” la memoria colectiva, convirtiéndose en una “conversación activa” en la opinión pública.
Los periodistas que han investigado el caso señalan que la negativa de Capellán a dar entrevistas no es un signo de timidez, sino una “estrategia de soberanía”. Es un personaje que elige cuándo y cómo hablar, convirtiendo su “silencio selectivo” en una poderosa herramienta narrativa. Como él mismo sentencia: “Ustedes ya hablaron y me destruiron, ahora la realidad habla por mí y me reconstruye”. Su pequeña radio y una audiencia leal le bastan para controlar su narrativa, sin permitir que otros se la expropien.
La Trama del Complot y la Resistencia
Detrás de la persecución a Capellán se vislumbraba una compleja red de poder. Se ha señalado la influencia del “Sanmillanismo” y el “Romerismo”, con figuras como Nora del Valle Giménez, entonces presidenta del Concejo Deliberante, y Roberto Elio Gareca, como piezas clave en la orquestación del complot. Si bien hubo un intento de pacto en el Bar Teuco, sellado con un presionado de manos ante testigos como la histórica dirigente del PJ, Catalina Ciriani, y el Dr. Pablo Antonio Tobío, este compromiso de reivindicación por parte de Giménez, una vez que llegara al Senado, jamás se cumplió.

Por el contrario, la presión sobre el Juez Martín Pérez, por parte de Giménez y Gareca, era constante. Pérez elevó diez veces la causa a juicio contra Capellán, pero la Cámara del Crimen rechazó sistemáticamente todas las elevaciones por “falta de pruebas”. Esta tenaz resistencia judicial no hizo más que reforzar la imagen de Capellán como un hombre inocente frente a un sistema que intentaba doblegarlo a toda costa.
Capellán: El “Fiscal” con Memoria y Visión Anticipada
Pero la lucha de Capellán trascendió su propio caso. Con una memoria magistral y un profundo conocimiento de las “entrañas del monstruo”, como él mismo describe al sistema de poder, Capellán no temió señalar las conexiones entre el poder político de la época (Juan Carlos Romero), el espionaje (“Excalibur”) y figuras de la represión.

Lo más impactante de su figura es su capacidad de “anticipación”. Capellán denunció públicamente que el Juez Martín Pérez y el exgobernador Juan Manuel Urtubey estaban involucrados en “ocultamientos de pruebas” en casos tan resonantes como el de Luján Peñalba y el de las turistas francesas. Con el tiempo, la realidad le dio la razón de manera contundente. Informes periodísticos posteriores, y declaraciones de figuras como la ex senadora Sonia Escudero, corroboraron las manipulaciones y las presiones políticas sobre la investigación del asesinato de las turistas francesas, señalando directamente al Juez Pérez por su “gran debilidad” frente a la policía y al exgobernador Urtubey por la manipulación de las pesquisas. Incluso, se ha mencionado la existencia de un requerimiento del Gobierno Francés al Juez Pérez por ocultamiento.

Escribir sobre el “Caso Capellán” es sumergirse en uno de los capítulos más oscuros y, a la vez, más fascinantes de la política salteña contemporánea. Para la crónica del Siglo XXI, el enfoque del “Fénix de la política” es ideal aunque Guillermo Capellán lo rechazaría de ipso facto, ya que hablas de un proceso judicial, sino de una inexplicable resurrección mediática, política y social.
Guillermo Capellán puede sentirse acomodado o incómodo en la opinión pública de Salta porque no es un recuerdo ausente porque es una conversación activa que podría definirse con el concepto de “fenómeno comunicacional”. Es el hombre que fue despojado de su banca y prestigio pero logró por sí mismo hackear el olvido.

Su negativa a dar entrevistas es, paradójicamente, lo que alimenta su mito. Para un cronista, este “silencio selectivo” no es un obstáculo, sino una herramienta narrativa poderosa: lo convierte en un personaje que no pretende ser inalcanzable y que solo habla cuando el sistema judicial o el peso de su historia lo obliga a ser su propio mensajero.
No se considera ni acepta ser el Fénix porqué Capellán ya no necesita preguntar, responder ni renacer y porque en la dermis de una sociedad ultra conservadora es el hombre que se impuso ante el sistema y al Poder formal sin pedir permiso para hablar y decir lo que piensa o siente.

El exConcejal pudo haber sido la palabra prohibida o negada por propios y extraños porque fue un fenómeno político, social y comunicacional que se narra a sí mismo y es notorio que así se impone con su historia o su permanente vigencia. No quiere trascender, quiere permanecer y eso lo logra con sus actitudes y acciones.
Capellán se resiste a las entrevistas. Tal vez no las necesita. Su voz hoy no viaja por cables, no busca las redes ni los diarios o publicaciones on line. Tiene su propio método de trabajo, una radio pequeña y una audiencia leal y en crecimiento. Con eso “basta y sobra para qué más?” suele decir.

La “Incomunicación” es su dilecta Estrategia cuando explica que su rechazo a la prensa no es timidez, sino un acto de soberanía. Después de que, en 2003, Diario El Tribuno imponía su agenda en la sociedad salteña, y lo sentenciaran antes que los jueces, salió a enfrentarlo con los pocos recursos que tenía: su firme decisión de combatir en cambio hoy con la Radio de La Gente es dueña de sus palabras y de sus silencios ante los medios que lo fustigaron. “Ustedes ya hablaron y me destruiron, ahora la realidad y el momento histórico hablan por mí y me reconstruye”. No se siente un fenómeno comunicacional pero desde sus propias plataformas o mediante el eco que generan sus acciones controla su narrativa y no permite que otros se la expropien.

Salpica comentarios que hacen ruidos en los tribunales, en los mentideros de los políticos de Salta y sin lugar a dudas en el Partido Justicialista en el que no cuenta con la empatía de la oligarquía seudo justicialista o de los K ni de los sectores que impuso la CFK desde un balcón con el número 1111.
Las décadas de persecución, le dió la experiencia del conocimiento genuino para acuñar su célebre dicho: “Los cobardes perdonan, yo no!” y lo sostiene con el efecto que solo Capellán puede hacerlo posible por su ideología peronista al asegurar “nunca mentí, nunca fallé y jamás perdí”. Es posible que al decir “jamás perdí” esté aseverando que no cambió el rumbo y el tiempo le dio la razón.
